Don Giovanni

Miércoles, Febrero 17th, 2016 | Barcelona, Hoteles, Restaurantes

Empiezo a conocer más gente que conoce las andanzas de Andrea Tumbarello que las del propio Don Giovanni. Tal vez deba preocuparme, lo sé, pero lo cierto es que el execonomista siciliano ha sabido conectar y, como el personaje de la ópera de Mozart, conquistar a su público.

Restaurante Don Giovanni (Hotel NH Constanza) | Barcelona

No son pocos los que consideran que hace una década que el Don Giovanni de Madrid es el mejor italiano de la ciudad. El éxito de su versión en el Hotel Finca Cortesín de Casares (Málaga) tampoco admite demasiada discusión. Por ello, un tipo como Tumbarello, que da la sensación de amedrentarse menos que los representantes valencianos del PP (perdona, Andrea, lo tuyo es muy distinto), se propone liderar también el ranking de la cocina transalpina en la ciudad condal.


Y aun sin muchos representantes de altos vuelos, batirse con los Massimo, Cubica, Due Spaghi, 2254, Bacaro, Xemei y algún otro de, seguramente, imperdonable olvido, ya tiene su mérito.

El emplazamiento, en el primer piso del Hotel Constanza, no es mala elección. Local amplio, sobrio con un toque elegante, luminoso y con una interesante, aunque de modestas dimensiones, terraza en el interior de manzana de L’Illa Diagonal.

El equipo de sala también acompaña, amable, preparado y discreto.

Nos falcan la mesa para compensar pequeñas irregularidades del terreno y empezamos. Y si líneas atrás mencionaba a Massimo, vienen ahora los imborrables recuerdos de su anchísima y gloriosa mortadela, aquí también presente a modo de snack.

Aunque el partido serio empieza con el carpaccio de gamba roja. Difícil de creer y no sé qué pensará mi endocrina, pero doy fe: esta elaboración es aún más sedosa con lardo de colonnata. Para limpiar y achispar papilas, una suave vinagreta de mango. La ensalada de frutos rojos juega con texturas y ácidos. Con el lujurioso bocado, rebusco más referencias, en este caso autóctonas, en los grandes -grandísimos- carpaccios de Anna Merino en mi queridísimo Montbar.

Mortadela  &  Carpaccio de gamba roja

Mortadela & Carpaccio de gamba roja

Entra ahora un peso pesado. Las peligrosas expectativas del bombo y platillo -no solo mediático, el propio Andrea lo alimenta considerándolo su plato- no arrugan lo más mínimo las buenas impresiones de un sensual huevo millesimé, una yema de huevo de corral con caviar de trufa, crema de boletus y trufa, un toque de parmesano… y más trufa, esta última laminándose ya en la mesa un dignísimo ejemplar del preciado producto. La tremenda focaccia que lo acompaña, para mojar, completa la experiencia. Ilustra la imagen de cabecera.

Pero no he tenido bastante, ¡quiero más trufa! Los tagliatelle me la garantizan, así que dejo para próximas ocasiones la también célebre carbonara de Andrea para dejar que vuelva a salir un cuoco a rallar in situ la gloria negra encima de la que, aunque no lo había pensado hasta hoy, probablemente sea mi tipo de pasta preferida. Impecable. Y eso que tener en casa a una chica Hofmann que se provee en la Castafiore me tiene muy malacostumbrado en estas lides.

Pasamos al dulce, aunque es el tiramisú el que, aun cumpliendo, me entusiasma menos. No es el cambio del marsala por el amaretto. ¿Cremoso? ¡Sí, sí, mucho! Pero… no sé… le encuentro a faltar algo… ¿es el café? ¿lo esperaba más empapado?…

Tagliatelle con trufa  &  Tiramisú

Tagliatelle con trufa & Tiramisú

En la carta de vinos veo un pinot grigio que me llama, pero optamos finalmente por rendir homenaje a la Sicilia del anfitrión con Edèlmio, coupage de caricante y chardonnay (Azienda Vinicola Benanti), limpio, con nervio y cuerpo suficientes para el envite sápido y, sobre todo, aromático que se le viene encima.

Al final, con agua pero sin cafés, poco más de 50 euros por cabeza.


Post written by Daniel Muro

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