Els Casals

jueves, julio 15th, 2010 | Hoteles, Restaurantes, Resto de Catalunya

Els Casals es, además del restaurante gastrónomico liderado en cocina por Oriol Rovira, la acogedora casa rural que veis en la imagen, con una decena escasa de habitaciones y una fonda de cocina sencilla, independiente del estrellado restaurante gastronómico y al servicio de los huéspedes.

Els Casals  |  Sagàs

Els Casals | Sagàs

A pesar de su popularidad entre el gremio gourmand de nuestro país, mi interés por conocer Els Casals se despertó con la lectura de un post de Pau Arenós que transmitía la pasión de los Rovira por la cocina de producto y daba fe de sus buenos resultados. Leído y hecho, escribí un comentario-promesa a Pau diciéndole que me debía una visita a Sagàs.

Unos meses después, allí estábamos, desestresándonos, disfrutando de los paisajes del Berguedà mientras esperábamos pacientemente la hora de la cena.

Un primer aperitivo, muy al estilo Jordi Vilà (Alkimia), de chupito de pa amb oli i llonganissa, sirvió para dar entrada por primera vez en escena a los fantásticos productos de Casa Malla, la granja de la familia Rovira, que autoprovee a Oriol de una materia prima elaborada artesanalmente y de insuperable proximidad.

Las cortezas de cerdo naturales con pimentón cerraron el capítulo de snacks.

El primer plato del menú consistió en un par de fresquísimas gambas de Palamós -tamaño medio- a la brasa y con un suave romesco. Brutales. Incluso el formato de servicio, recordando a la mítica gamba a la sorra de mis idolatrados hermanos Roca, me hizo disfrutar rememorando nuestra última visita al Celler.

Pasamos al laminado de ceps -recién recogidos, ¡qué aroma! ¡¡qué intensidad de sabor!!- con un micuit de foie-gras que devuelve a este producto -vulgarizado en muchos locales- al altar que se merece. Uno de los platos estrella de la noche.

Continuamos el festival del producto con una intensa butifarra del perol -otra joya de los Rovira, crujiente por fuera y melosa por dentro- conjuntada con todo el sabor del bosque en forma de rossinyols salteados.

Probamos también el pez limón (serviola), con un pequeño juego de sabores en el que tenían cabida, en diferentes formatos, la mojama, el pimiento, el rábano, el tocino, el perejil e incluso la ortiga. Correcta ejecución, pero he de admitir que fue, con diferencia, el que menos me hizo disfrutar.

Laminado de ceps con foie  &  Pichón con patatas

Laminado de ceps con foie & Pichón con patatas

Sí lo hizo, y mucho, y más aún lo hubiera hecho si no hubiera estado al límite de mis fuerzas, el pichón, rustido al horno y revestido de un fondo con sus jugos, presentado en toda su integridad para disfrutar de su esplendor antes de repartirlo equitativamente en dos raciones. Por si el intenso sabor del animalillo no fuera suficiente, las patatas que lo acompañaban redondeaban el conjunto. Y para pecadores especializados en la gula, imposible no aprovechar tan excelsa salsa para mojar uno de los panes más esponjosos que he tenido el literal placer de conocer.

Pasamos, muy tocados ya -¡menos mal que pedimos la versión reducida del menú degustación!-, a los postres. Para empezar, fresitas, muy dulces, muy frescas, sobre una base almibarada de forma natural de sus propios jugos, y acompañada de un cremoso de vainilla.

Fin de fiesta con un goloso buñuelo de chocolate, con helados de mandarina y calabaza, y notas de pimienta negra y pipas de calabaza.

Para maridar semejante ágape, nuestra elección, tras valiosas recomendaciones de David Gomis y consenso general, fue La Moussière 2008 de Alphonse Mellot, un dorado, voluminoso -y biodinámico- Sancerre de excelente relación calidad-precio, cuyo sauvignon blanc, todo flores y mineralidad, nos transportó a los campos de la Loire.

Fresitas en su jugo  &  Buñuelo de chocolate

Fresitas en su jugo & Buñuelo de chocolate

Y hablando de David, el sommelier, un recuerdo para su inmejorable trato, con sus historias y anécdotas, amén de darnos a conocer algunas de sus debilidades, como el buen chenin blanc de Els Bassots, o toda una joya, un vi bullit elaborado por él mismo, procedente de una cosecha del 54 -si no recuerdo mal-, dulce y concentrado en boca y con una nariz repleta de caramelo y torrefactos. Moltes gràcies, David !

Con la infusión digestiva de rigor para Xocolata y unos carquinyolis y trufas como petit-fours cerramos una de las mejores cenas del año.

Con todo, los muchos tangibles y los no pocos intangibles, unos 160 euros por dos satisfechos comensales.

Aprovechando el viaje, más que recomendable preparar también una visita a Casa Malla, la granja familiar, de la que nadie debería salir sin una sobrasada y unas butifarras -¡como poco!-.


Post written by Daniel Muro

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