Suculent [2017]

miércoles, febrero 1st, 2017 | Barcelona, Restaurantes

Ellos prefieren denominarse casa de comidas o fonda, aunque los nuevos tiempos y términos hacen que muchos les englobemos bajo ese epígrafe de gastrotaberna que hay que tratar con cuidado, que no todo vale. En este caso no hay dudas, Suculent y su cocina popular actualizada cumplen.

Restaurant Suculent  |  Barcelona

Restaurant Suculent | Barcelona

Hacía tiempo que no pasaba por la casa y, aunque lo sigue siendo, recordaba el espacio algo más austero, incluso la cristalería ha subido claramente un peldaño. La cocina, aunque en su momento ya recibía excelentes críticas, también me ha parecido un punto -o dos- por encima de la que probé cuando abrieron. La propuesta se consolida.


Mesas sin alardes en dimensiones, y mucho menos en espacios entre ellas, al estilo parisino… Un palmo, vamos, pero aquí nadie viene a buscar eso. Y una vez resuelto el tetris de abrigos, bolsos y demás parafernalia invernal, allí estábamos, repasando una sugerente carta secundada por media docena de propuestas fuera de ella.

Gran inicio con el ceviche de gambeta roja y aguacate. Delicado, sedoso y con soberbio y equilibrado aliño, compartiendo protagonismo con los teóricos elementos principales del plato.

Fuera de carta, ejercicio de ternura con los guisantes lágrima -y el jugo de sus vainas-, calamarcitos y panceta ibérica. Cierto, no hay contraste crujiente, no lo busquéis. Pero ni falta que le hace, que a veces -y me temo que no me salvo- nos fijamos más en estereotipos académicos -o de tendencia- que en el resultado final.

Siguen las texturas delicadas, ahora en los lomos de una melosa caballa al abrigo de un extraordinario escabeche… Gran segunda juventud la que están viviendo los escabeches barceloneses (Tickets, Alkimia, La Mundana, Gaig, Estimar…).

Ceviche  &  Caballa

Ceviche & Caballa

Muy buenas las croquetas de marisco. Estupenda combinación de gamba, calamar y bogavante, presentes de forma notoria y ligados por una sutil -casi líquida- bechamel, que sitúa el conjunto al nivel de las de Espai Kru, que no es mal piropo, en el top croquetil de una ciudad cada día más exigente en esta faceta, pero con escasa representación de las versiones de mar.

Muy aromático el pulpo a la brasa, con acertada base cremosa de garbanzos pero, aunque me gusta un punto firme, demasiado duro.

Remonta el allipebre de anguila, sabroso, todo un subidón de colágeno en cada sabroso bocado de un plato raro de ver por estos lares y culinariamente mucho más exigente de lo que parece.

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Pulpo & Allipebre de anguila

Magnífico también el steak-tartar, tierno, profundo, acompañado de unas impecables patatas soufflé que, no lo puedo evitar, siempre acaban recordándome buenos ratos en Via Veneto.

Pasamos al dulce, donde refrescan los fresones, rellenos de un muy buen cremoso de chocolate blanco y vainilla.

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Steak tartar & Fresones

Y para más golosos, aunque sin empalagar, el pastel de chocolate, también dignísimo.

En las copas, inicio con la godello de Bolo 2015 (Valdeorras), untuosa, amable, para culminar con el formidable riesling, fresco y mucho más complejo, del igualmente joven Ekam 2015 de Castell d’Encús (Costers del Segre), que me da la sensación que recupera brillo tras una añada un punto menos expresiva.

El ticket final, rozando los 45 euros por persona. Los vale.


Post written by Daniel Muro

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